MAIQUETÍA ES UN VELORIO

¿Temporada “alta”? Así luce el Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía, el principal de Venezuela, el sábado 5 de agosto de 2017 a las 3:00 PM. La soledad por la ausencia de movimiento aumenta el clima funerario. La diáspora duele, incluso para aquellos que no la viven directamente.

 

“Trata que ella no te vea llorando cuando te vayas a despedir. Eso la pondrá más triste y nerviosa”, le decía una mujer a su esposo a instantes que una joven traspasara hacia la zona de tránsito para abordar un vuelo al exterior. Viaje, que como millones en los últimos años, es solo de ida…

El ambiente en el Aeropuerto Internacional “Simón Bolívar” de Maiquetía, el principal de Venezuela, dista mucho de ser un punto de encuentro para las alegrías vacacionales o el optimismo del ejecutivo que vuela por negocios a traer buenos dividendos a la República.

En plena “temporada alta”, en un agosto caliente de 2017, la desolación de apenas 24 vuelos de salida y un número similar de llegadas, dan cuenta de un país sumido en una catástrofe sin precedentes. El éxodo de empresas de aviación comercial que desisten de aterrizar en la otrota “Tierra de Gracia”, raya en la pandemia.

Venezuela, aquel destino codiciado entre la década de los 50 y los 80 del siglo XX, muestra ahora el triste rostro del aislamiento, de mala palabra en una agencia de viajes en Nueva York, Madrid o Londres; en permanente alerta de embajadas y consulados del orbe. “Mejor ni piensen incluirla en sus itinerarios, ni como escala”, apuntan autoridades a sus connacionales en varias latitudes.

De este lado del mapa las lapidarias escenas de “adiós” nada tienen que ver con los meses en que tradicionalmente los criollos buscaban en los cielos el inicio de unos días o semanas de desconexión. Papá y mamá, pero también la consentidora abuelita se han dado cita sobre el multicromático piso de Carlos Cruz-Diez para ser protagonistas de una escena que nunca desearon…

A diferencia de quienes partían con la motivación de los estudios hace tres o cuatro décadas, este “orgullo de la familia” que en minutos abordará un avión, seguramente solo lo volverán a ver por Skype o FaceTime. “Yo siempre quise irme de mi país por un proyecto personal bien planificado. No porque sintiera que mi patria me echa a patadas”, he escuchado más de una vez de mis alumnos en la universidad cuando describen la tragedia de escasez, delincuencia, inflación y persecución política que motivó primero a 2,5 millones de compatriotas a dar ese paso.

Los que vi el sábado pasado en Maiquetía no son los “fundayacucho” de CAP que volverán. Más del 90% de los que lloraron a rabiar esa tarde entre los abrazos encendidos de familiares y amigos verán el país donde nacieron por última vez desde la ventanilla de un Airbus o un Boeing.

El señor que trató de aguantar el llanto frente a su hija aún sigue en la zona pública. Paradito en los maltrechos mosaicos del artista cinético mira desconsolado una de las pocas pantallas de información de partidas de vuelos que medio funciona… Los latidos del corazón se aceleran cuando informa en color verde “abordando”. Se da cuenta ya no hay marcha atrás. Su cara se pone escarlata y los ojos son dos esferas flotando en un mar de tristeza.. Pasan unos 20 minutos más, abraza fuerte a su esposa y ahora sí llora a punto de desmayo. La pizarra cambia y en letras roja dice: “despegó”…

En Maiquetía pocos celebran la alegría de conocer el mundo. Maiquetía es un velorio con millones de familias en luto alcanzadas por el miedo y la desesperanza.

Author: Juan Ernesto Páez-Pumar O.

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